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martes, marzo 03, 2015

MI VIDA EN UN ADIOS

 

…”Hasta que no vacíes tu alma de lo que te atormenta,
no podrás llenarla con lo que te hará feliz”…

Yo de antemano, era perfectamente consciente de que, cualquier día podría ser nuestro último día y sin embargo, me aferraba a un imposible, a una idea que luego me dañaría como tantas veces hiciera esa misma ofuscación. Al fin y al cabo, el amor se alimenta de esperanzas, aún a sabiendas de que éstas, no llegarán nunca a cumplirse.
La luz que iluminó mi corazón, más temprano que tarde, se apagaría irremisiblemente y un frío aterrador me cercaría. Tal vez por ello o más bien a causa de ello, mi corazón se acostumbró a ser un perezoso redomado, a latir más lentamente de lo que marcan los parámetros de normalidad cardíaca.

Mi existencia, comenzó a ser una incesante y contenida angustia, angustia por la espera de la llegada y mayormente por la hora de la partida. Cada vez que te alejas, te llevas una parte de mi vida y un trozo de mi corazón. Mi subconsciente corre tras de ti, persiguiéndote y gritando que regreses para disipar todo mi desasosiego.
El aroma de tu cuerpo me asalta el olfato en sueños, tu imagen me acorrala y juntos, vencidos por por la verticalidad, caemos rendidos en ese preciso lugar donde más nos reconocemos, nuestra cama, cómplice y confidente a la vez. Entonces, quisiera detener nuestro mundo azul en un instante, y ser quien de hermetizar el fluir desenfrenado de sentimientos.

Cuando te tengo en frente, me observo reflejado en el brillo delator de tus ojos. Tu mirada es el espejo de la mía, en ella veo reflejado mi destino, un abismo tan profundo, cuan oscuro y sin embargo me precipito con una sonrisa en los labios y una satisfacción plena que llena todos los vacíos acumulados en todo este corto espacio de tiempo en que te tengo y disfruto. Siempre me produjeron vértigo los precipicios y ahora camino decidido y anhelante  para despeñarme desde el iris cristalino de tus pupilas. Siempre sentí fascinación por las miradas lánguidas y perdidas, cual eje de un tornado que me arrastra y engulle hacia lo más profundo de ese abismo.
No dices nada, te lo callas todo y sin embargo, regresas a mis brazos, reclamando el calor trémulo de mi piel que le proporciona alas a tu cuerpo, antes de partir y olvidar toda esa pasión que se desploma irremisiblemente del tálamo a ras de suelo.

Veneraré tu imagen o su recuerdo, mientras tu voluntad lo permita o tal vez, incluso después de que me lo impida. Todo lo que accede y traspasa el umbral de mi corazón, se queda prendado en él y muy a tu pesar, eres ya parte de mi presente y lo serás también de mi futuro. Tu ya vas conmigo, allí donde yo voy. Tú camino es el mío, dame fuerzas para escalar la pendiente y no ser quien de claudicar en el intento. Esta vez, tatuaré mi soledad, con tu nombre eternamente ausente.
 
 

 




2 comentarios:

Lo que pudo haber sido y no fue dijo...

Se aprecia cuan tocado te encuentras por la barita mágica del amor.
Es maravilloso descubrir y convivir con este sentimiento y extraordinario que sea recíproco por la otra parte de la pareja.
Deseo que aprendieras a querer y que te quieran

MARIEL ABRALDES dijo...

Con las palabras que manejas en el puzle, haces magia.
Tu encanto solo brilla porque denota que fluye de tu interior.
Es como si tu alma sobrevolara las pesadas cadenas que arrastras.