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sábado, noviembre 01, 2014

CAMINO DEL CORAZÓN


 

“Infausto sendero en el que perecen

fulminados todos mis sueños y

renacen mis ilusiones”…
 
 
Las noches en tu ausencia, continúan siendo gélidas, el vendaval arrecia con fuerza petrificando mi semblante y acentuando una mirada vidriosa que se pierde en el infinito de la nada. La existencia se ha tornado anodina y desconcertante.
Todo en mí, me sigue recordando la estampa navideña de un eterno invierno, en el que, los árboles han entregado todas y cada una de sus hojas, permaneciendo desvalidos y desnudos. Así yo, he entregado todos y cada uno de mis sueños, sin luego recuperar ninguno.
Los rayos de sol que a lo lejos divisé, se han esfumado sin apenas tener tiempo de acariciar mansamente mi piel. El brío de antaño, se convirtió en funesta y ajada palidez. Sublime sonaría la voz si no se ahogara en la garganta.
El cementerio que edifiqué en mi entorno, se sigue nutriendo a costa de mis ilusiones que apenas nacen, perecen. No he sido quien de edificar un futuro, amparado en una de ellas, todas se consumieron, cual pócima etérea que al contacto con el aire, se volatiliza.
Mi mente, no ha sabido calcular la distancia del camino que conduce al corazón, camino que transito a diario, dando un paso al frente y otros dos, hacia la retaguardia, por ello, cada día, me siento más y más lejos de alcanzar el objetivo, la meta tan ansiada.
El camino de mi corazón, está poblado de obstáculos, sembrado de minas, aunque algunas veces, en sus márgenes, crezca alguna que otra margarita silvestre, con el cometido de que la agonía fluya y no me ahogue.
Para las mismas preguntas, tengo siempre las mismas respuestas, la galería solo debe conocer y admirar la máscara que oculta mi rostro, mi verdadero yo, el que llora y se desangra por las esquinas, penando por sus ausencias. Incluso en mi vida, las presencias, a menudo, se tiñen de ausencia.
Mi corazón me engaña, mi cabeza me traiciona, todo mi ser, en pié de guerra, libra una lucha, a menudo ganando batallas y casi siempre, perdiendo la guerra.
Soy como una estación de ferrocarril muy transitada, mientras permanezco inmóvil en el andén, viendo pasar los trenes de alta velocidad y aquellos de cercanías. Los unos, apenas me dan tiempo a subirme, los otros me desesperan con su lentitud. Nadie es capaz de seguirme el paso y a nadie soy yo capaz de igualarle el suyo. Mientras las fuerzas no mermen, la voluntad permanecerá intacta para continuar recorriendo el camino, edificando quimeras y sepultando ilusiones, en tanto, continuaré regalando algún que otro sueño, seguramente, a quien no sepa cuidarlo. Todos los demás entregados, si conmigo ninguno ha vuelto, ¿Dónde se han quedado?.