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jueves, mayo 05, 2011

INMENSO CIELO AZUL



Inmenso cielo azul,

el que disipó tamaña oscuridad,

el que iluminó mis pisadas

dando sentido a mi vida.

Inmenso cielo azul,

quien rescató de la soledad,

la cómplice existencia

con mi propia aquiescencia.

Inmenso cielo azul,

el que aportó claridad,

delimitando el sendero

de un horizonte siempre gris.

Inmenso cielo azul,

el que da vida a mis días,

otorgando un aporte energético

que reaviva este tierno desencanto.

Inmenso cielo azul,

el que mitiga las ausencias,

que me abrazan con fuerza

cual hidra con sus tentáculos.

Inmenso cielo azul,

el que devuelve el calor a mis labios

y el color a mi tornasolada palidez,

haciendo que así te pueda ver.


Inmenso cielo azul,

que en tromba derriba barreras,

para invadirlo todo

y dar sentido a esta obscenidad.

Inmenso cielo azul,

que se funde con el mar,

acariciando mi piel,

haciéndome estremecer de puro placer.

Inmenso cielo azul,

el que proyecta tu mirada,

para entonar en adelante,

un nuevo canto de esperanza.

Inmenso cielo azul,

el que descubro en la clandestinidad de tus abrazos,

que amarrados a mi cintura,

pugnan por estrecharme a tu cuerpo.

Inmenso cielo azul,

para una querencia desesperada,

que sin medida vaga de mis labios

a tu cálido encuentro.

jueves, abril 14, 2011

CORAZÓN DE PASIÓN



....."Con el paso del tiempo,

voy perdiendo la cabeza

y ensanchando el corazón"...





Si en el iris cristalino de mis ojos

adivinaste alguna vez un te quiero,

no le pidas jamás a mis labios

una tosca explicación.

las palabras sin remedio,

las arrastra el viento,

las claras y limpias miradas,

las guarda celosamente el corazón.

Cuando no tenga ya un hueco en tu vida,

que no sea a causa de una huérfana palabra,

si no por una sincera mirada,

teniendo siempre muy presente que,

la boca es a la cabeza,

lo que los ojos al corazón.

martes, abril 12, 2011

EL NUDO GORDIANO

El amarte en silencio me está enmudeciendo,

y se hacen nudos duros quebrantando mi voz.

sorprende a mi soledad, una euforia escurridiza,

paulatinamente voy colecionando los gajos de tu amor.

Frustrante catarsis silenciar el silencio,

enredar mis ataduras queriéndote atrapar.

Amarte en silencio me está volviendo rudo,

y embisto a los recuerdos, me visto de pasado,

cuando te necesito edificando esta locura,

tiñendo el silencio, forzando mis sueños,

planchando los pliegues de mi ajado dolor.

Quisiera acariciar las alas del viento con el eco de tu nombre,

porque me ahoga este noble sentimiento en clandestinidad,

más juego con las cartas que me proporcionó la vida,

camuflo las arrugas allí donde escondo tú rostro,

desde lo más hondo, imploro tú socorro,

aguardando un rescate, que cauterice mis heridas,

que mude para siempre mi mudéz,

que terse con palabras y sentimientos,

este nudo gordiano que intento deshacer,

que te pueda llamar por tú nombre sin tapujos,

y en la euforia de un grito jovial, te comience a amar.

jueves, marzo 24, 2011

NI MEJOR NI PEOR: DIFERENTE

¿Por qué los demás tienen que cuestionarse mi forma de actuar?, ¿por qué los demás me tienen que dar gratuítamente consejos que no pido?, ¿por qué mis valores y prioridades tienen que coincidir con los de ellos?.
No soy mejor ni peor que nadie y tampoco hago las cosas para aparentar ser alguien que en realidad no soy. Soy un ser humano y como tal, único e irrepetible, con un móntón de defectos y alguna que otra virtud.
En este momento de mi vida, me siento plenamente ralizado porque me siento por primera vez útil y tambien imprescindible, porque me encuentro entregando un poco de lo mucho que recibí. Me encuentro cuidando a mi madre, despues de que ella pasara ochenta años cuidándome a mi.
Los hijos tenemos muchas opciones, al igual que los padres disfrutan de un amplio abano para afrontar su paternidad: Cuidadores, guarderías, reducción de las jornadas laborales, etc... Las opciones, igualmente, no son ni mejores ni peores, son DIFERENTES. Probablemente si yo pasara mi infancia y adolescencia alejado de mis progenitores, hoy no sería quien soy, probablemente mis valores y prioridades en la vida, serían otros muy diferentes.
La mejor herencia que he recibido en vida de mis padres, es el tiempo que me han regalado, las horas que han pasado a mi lado.
Estoy sorprendido, orgulloso y satisfecho de que una situación límite, me estea haciendo descubrir cuales son esos valores que anidan en lo más profundo de mi corazón.
Siempre me consideré una persona sumamente agradecida, en ocasiones en demasía, tal vez por eso, me está resultando muy fácil afrontar esta nueva etapa de mi vida que deseo firmemente se prolongue en el tiempo y me permita proporcionar todas las caricias que tenía guardadas, expresar palabras y sentimientos camuflados, entregar los besos tanto tiempo silenciados.
No niego que esta situación personal a veces me resulte incómoda y difícil de sobrellevar pero pienso que resulta menos difícil que aquellas otras situaciones que a mis padres les tocó vivir conmigo.
A pesar de todo y de las circunstancias, me siento tremendamente recompensado con la sonrrisa que esbozan los labios de mi madre, con una caricia que me llega al alma. Jamás la vida ni las personas que me rodean, me recompensaron de tal forma. Jamás nadie me estimó y apreció tanto como lo hicieron y siguen haciendo mis padres.
Hoy día, me conformaría con saber que me asemejo en algo al hijo que siempre quisieron tener. Anhelo llegar a ser algún día la sombra desvanecida de ese proyecto inacabado e imperfecto que sigo siendo.
En esta etapa, estoy aprendiendo tambien a no cuestionarme los posicionamientos de los demás, yo que era tan dado a cometer este error. Ya no tengo el mínimo interés en cambiar el mundo ni a las personas, me conformo con luchar a diario para que las personas y el mundo no acaben cambiandome a mi.
Sigo a mantener la pose de cara a la galería, retomo la impostura cada nuevo día para subir al escenario exterior de la vida pero en cuanto dejo el coche en el garage, igualmente aparco esa pose ficticia. Entonces cuando introduzco la llave en la cerradura, vuelvo a mi realidad, vuelvo a ser yo, renace la pura esencia de mi ser y afortunadamente aún alguien me sigue esperando tras la puerta para decirme que tardé mucho, que me está esperando. ¡Qué hermoso saber que alguien te espera!, ¡qué hermoso saber que alguien te echa en falta!.
Opciones en la vida hay muchas, infinitas, pero cada una es diferente de las otras. Cada uno tiene que escoger aquellas que no supongan un choque frontal con sus valores y principios, escoger aquellas que sabes que luego no darán lugar al arrepentimiento, impedir que luego los sentimientos de culpabilidad atenacen tu existencia.
Esta etapa, me enseñó, si cabe, a ser más individualista, a vivir de puertas a dentro como realmente soy, huyendo de clichés y normas preestablecidas de como actuar correctamente en momentos puntuales. Actuar correctamente, para mi, es proceder según lo dictaminado por tú corazón y no responder a imagen y semejanza de como la mayor parte de la sociedad procedería, hacer lo que realmente quieres y no actuar según lo que la sociedad espera de tí.
Yo soy único, irrepetible, diferente. Ni mejor ni peor que los demás pero sin osadías, reclamo mi derecho a autoproclamarme de esta forma, para bien o para mal.
Y tú que me estás leyendo, igualmente eres único, irrepetible y diferente y estoy convencido de que mucho mejor persona de lo que actualmente lo soy yo. Ojalá el tiempo me permita llegar a superarme como persona para poder resultarle más útil a la sociedad.
Somos libres, por tanto, merecemos respetarnos y hacernos respetar, comprendiendo a los demás aúnque las más de las veces no podamos compartir sus valores y principios pero siempre asumiendo su DIFERENCIA.

sábado, marzo 19, 2011

ODA TRISTE PARA UNA NUEVA AUSENCIA

Estás todavía presente
y ya comienzo a sentir tu ausencia,
terrible distancia que nos separa
aún permaneciendo unidos de corazón.
Busco lo que creo mejor para tí
a sabiendas que igualmente es lo más cómodo para mi,
la fatalidad lo desencadena todo,
nuestro destino, se mece en las alas del viento.
Se que me quieres y no me olvidas,
el azar no te permitió guardar rencor,
fuiste feliz y de corazón noble
por ello me quisiste tal cual soy.
Las arterias se van negando a cumplir su misión,
espero intuyas el cariño implícito en el roce de una mano
y que éste mantenga vivo el aire que oxigena tus pulmones
sin embargo, sigues siendo tan feliz como entonces.
Desde lo más profundo de mis sentimientos,
solo pido que me sigas llevando muy cerca de tú corazón,
que me sientas presente a pesar de esta impuesta ausencia
y que los recuerdos en pugna, derroten el olvido.
Mientras se esfuma la vida por el recanto de una puerta,
que la ventana entreabierta te proporcione paz y sosiego,
que la luz y el aire fresco de esta nueva primavera
devuelvan el color a tú denostada tez.
Desde las sombras que genera tu amarga penumbra,
siente muy presente el afecto
de quién seguirá a tu lado
desde la distancia e incluso a pesar de tu olvido.

Dedicado a Mª. C. B. C.

jueves, marzo 10, 2011

VIDA DESMEDIDA

"...Va todo al ganador, a quien jugó mejor,
me toca a mi perder, que le voy hacer.
Que inocente fue ir de buena fe.
Actúes bien o mal, el juego sigue igual,
lo bueno y lo mejor, va todo al ganador..."
Abba
El corazón se me llenó de tormenta, liberando cantos de sirena,
circulando por mis venas, un torrente de sangre ardiente.
La melancolía me acecha camuflada y temblando,
meciéndome entre sus trémulas alas,
deslizando por mi rostro, sus caricias palpitantes.
La locura nocturna, le sepulta al día mi pena,
escondida en mi mullida almohada de terciopelo.
La soledad es mi más fiel compañera,
en la eterna melodía de mis poemas,
acariciando mi llanto, con zarpazos de hiena.
Fui cautivo de tus incandescentes labios rojos,
y de tus falsas promesas envenenadas con hiel.
Suspiro a suspiro te entregué mi esencia,
amando sutílmente, cuan solo lo hacen los poetas,
con un ímpetu arrollador edulcorado con miel.
Me relegó la vida, ya no aguardo de ella nada,
mi alma se mustia como el corazón de una rosa.
Alimentando vagos recuerdos por la noche y por el día,
sin esperar de ella ni una condescendiente mirada,
que aporte sosiego a esta desmedida pasión rota.
Ya sucumbió en mi oscura noche la luna,
ya no diviso nuestro compartido techo de estrellas,
solo recitaré leve y pausado mis poemas,
a la hermana tristeza que me mantiene cautivo
y que con sus acordes serenos, me arrulla en su seno.
José Manuel Bouzas Blanco

martes, marzo 01, 2011

VOLANDO A RAS DE SUELO








Un incidente fortuíto, cambió su vida por completo.
Desconocía que existiera otra forma de vida que pudiera hacerle más felíz de lo que lo había sido hasta entonces.
Atrás lo dejó prácticamente todo, cargando a sus espaldas tan solo una mochila con un montón de recuerdos. Olvidó el sujeto, abandonó su trabajo, vendió casa y coche y tomó a la desesperada un vuelo hacia lo que creía una nueva existencia, en otra ciudad lejana a la que hasta ahora se lo ofreciera casi todo. Esto lo creyó, porque en realidad le había ofrecido muy poco, a cambio de privarle de lo más fundamental: Su libertad.
En la terminal del aeropuerto, abandonó una de las pocas posesiones que todavía le acompañaban. Arrojó la tarjeta del móvil a la taza del wc y tiró sin piedad de la cadena. Con este gesto, olvidó a todos sus amigos y también a él.
Mario se ahogaba en un mar de aguas turbias, camino de la inmundicie.
¡Lo siento Mario!, precisamente tú que le situaste en el camino, tú que domaste al aprendíz que había en ella. ¡Lo siento!, nuevamente y mil veces más ¡lo siento!, le encandiló la parte pero le había defraudado enormemente el todo.
Emprendió una nueva aventura, todavía tenía edad para hacerlo. Vaga por la ciudad de destino sin rumbo fijo ni itinerario conocido, esperando nuevamente una sorpresa similar, en un sitio diferente.
Tal vez Mario haya finalizado también su viaje subterráneo y agonice inmerso en aguas cenagosas.
A la entrada del parque, al lugar donde regresan siempre los naufragos, en el margen de la acequia, divisó algo que llamó su atención. Era una tarjeta prepago, manida, pisoteada y maltrecha. La rescató y secó con mimo, la introdujo en su móvil y desplegó el menú de contactos, en la M, también existía un Mario. Rogó al cielo se tratara de un alma gemela y descolgó.
..."En estos momentos no puedo atenderle, inténtelo de nuevo en horario comercial o deje su mensaje tras escuchar la señal y le contactaremos. El departamento de marketing creativo, le desea muy felices fiestas"...
Claro, se aproximaban las tan temidas fechas navideñas, esas que vuelven en tromba cada año así como, los recuerdos.
Un nuevo año se avecina, una nueva ciudad y a pesar de ello, con tantos cadáveres a cuestas, también todos los recuerdos, ¡incluso tú, Mario!.

viernes, febrero 18, 2011

HERIDAS Y LAGRIMAS

Ayer fui yo quien se enfundó tu denostada piel,
una piel maltrecha y curtida en lágrimas,
ayer fui yo, quien anheló darte el abrazo negado,
Sin necesidad de que renunciaras a tu reino amado.
Ayer fui yo, quien con unas lágrimas ajenas,
tejí mi propio llanto, rompiendo en mil pedazos el futuro,
ayer tus lágrimas, golpearon mis ausencias,
haciéndome ahogar lentamente en un mar sin fin de recuerdos.
Ayer fui yo, luego fuiste tu,
mañana serán otros, los que se queden tan llenos de vacío,
colmando su universo de preguntas inconclusas,
que van ahuecando las entrañas y acartonando el alma.
Entonces con el devenir, se va forjando la coraza,
cual la marea con su embate, modela el mascarón de proa,
el que permite asirnos a sus férreas fauces,
para afrontar una despedida sin palabras.
Ayer fui yo, todavía sigo siéndolo,
al amparo de tu alma, arañando los recuerdos,
ayer, hoy, mañana, siempre,
tu piel cicatrizando heridas, con un nuevo soplo de aire fresco.
Dedicado a J.L.B.M.

jueves, agosto 27, 2009

ANGELARTISTA



Eres auténtica porque eres distinta,
Tierna, pícara, dulce y melosa.

Esta es la historia de una pequeña gran estrella que se subió al escenario a la par que yo, pisando de puntillas y muy suavemente pero sabiendo a ciencia cierta que el centro del escenario sería el que la ayudara a erradicar su inseguridad.

Con el implacable devenir del tiempo, fuimos interactuando con el resto del grupo y aprecié sus avances en el camino de su autoafirmación. Luchaba contra su timidez y sus miedos y se superaba a diario, a base de pinceladas de humor que nos sorprendían a todos por su espontaneidad.

¡Incrédulo de mi!, jamás pensé que fuera capaz de irrumpir en el escenario cuando se encendieran las luces y se tuviera que enfrentar al público y cumplir con sus compañeros de reparto.

Me impactó observarla el día del estreno, serena, convencida y concentrada y con el aplomo que da saber el lugar que uno ocupa. En tanto yo, estaba desquiciado y me temblaban sobremanera las piernas. Semejaba habernos intercambiado los papeles, ella tan segura y yo tan dubitativo.

El aplauso del respetable, confirmó que se habían roto barreras, las de muchos pero las de ella también. Se había superado a sí misma, atrás quedaba ese nombre anónimo y diminuto porque desde ese preciso instante, había nacido una peculiar estrella que brillaba por méritos y con luz propia.

lunes, agosto 03, 2009

HISTORIAS RURURBANAS



Con un estruendo enserdocedor, la bocina del tren nos indicó que el viaje había dado comienzo. El paisaje huía de nuestra vista, al principio lentamente pero luego pasaba más de prisa.
En el interior no había nada en qué valiera la pena reparar, a penas unas cuantas personas con caras largas, ciertamente era lunes y en los rostros se reflejaba el cansancio acumulado durante el fin de semana.
Por tanto, para entretenerme y no dormir, decidí dirigir mi mirada al exterior, perdiéndola en el horizonte y fijándome en esas casitas olvidadas que un día fueron habitadas y seguramente alguien en su interior tuvo momentos felices y tal vez, agún que otro sueño placentero.
Sentí una enorme pena por esos seres desconocidos que se ausentaban y tambien por las historias que sucumbían dentro de aquellos muros, hoy amenazados por la ruina y una vegetación que promete invadirlo todo.
Primero fue una, luego vinieron más y todas semejaban tener algo en común, eran estructuras humildes pero me parecieron todas muy acogedoras, en ellas imaginé la quietud de los ancianos que ven pasar el tiempo sin a penas poder disfrutar de los instantes más felices. Ojos cristalinos que tuvieron un pasado pero que en su día estuvieron carentes de futuro.
Un nudo en la garganta me impidió tragar saliva, noté un desasosiego y por un fugaz instante, vi mi casa reflejada en cada una de aquellas, sentí pena por ella y por todas las demás pero más lo sentí por mi vida, cuando el cristal de la ventana me devolvió una imagen que no me gustó, una imagen muy poco atractiva que denotaba el paso del tiempo, el galope hacia la vejéz y de ésta, a la decrepitud, media solo un pequeño escalón.
La vida se desliza por mi cuerpo como la locomotora por los raíles, cada vez se incrementa la velocidad y no bien acabas de olvidar el bocinazo de salida, te sorprende una voz neutra que pretende ser amable y te comunica que has llegado a tú destino.

La evasión se cierne sobre el infinito y a lo lejos estalla la ciudad con su progreso. Una panorámica muy diferente a lo vivido durante el trayecto pero más envolvente y embriagadora, ésta ensordece los oidos, nubla el pensamiento y camufla los sentimientos.

LA PERICIA DEL AUTÓMATA



Al fondo y enfrente, desde el cálido y confortable interior, una explanada inmensa, vacía y desierta, poblaba todo lo que mis ojos eran capaces de divisar, a parte de lo que divisaba el alma. El desencanto se reflejaba por igual en nuestros iris y a pesar de ello lo intentamos con apremio y valor, a fin de negar una vez más las evidencias. Ahora poco importan los resultados que hayamos obtenido.
Atrás se han quedado todos los mensajes de ida y vuelta que con esmero consiguieran recrear un mundo mágico e irreal que luego contemplamos como se derrumbaba estrepitosamente a nuestros pies.
Tú dijiste más bien poco y yo no dije nada, el silencio nos delató, denotando que todo el empeño había sido inútil. Cada uno ojeaba el exterior desde la ventanilla lateral pero ninguno fue capáz de mirar a través del parabrisas. El desencanto se vistió de timidez.
Por mi parte y más bien por precaución y consideración a quien tenía delante, me exigí sellar los labios para no herir, demasiadas cicatrices y condecoraciones de guerra acumula mi cuerpo como para ser yo quien lesione sin compasión a mi propia alma gemela.
La penumbra camufló su verdad o su mentira, tampoco me sentí con fuerzas ni con ánimos para averiguar si lo que había escuchado era ciertamente lo que había ocurrido, lo dudo ciertamente, pero jamás podré ni afirmar ni desmentir. El cansancio me venció en el postrero intento.
Puedo apostar contigo a que lo mío fue tan real y duro como la vida misma, a menudo soy un autómata programado para el deleite sin límites que libera y redime al mismo tiempo, abandonándome a la veneración de mi propio ego.
No fué astucia ni tampoco engaño, fué tan de verdad como tuviste la oportunidad de comprobar. Luego, creo recordar, que nadie te prometió la exclusividad, fuiste un eslabón más en mi cadena que se prolonga hacia la infinidad sin decidirse a sellar el circuíto. No fuiste diferente si no igual, el mismo trato cordial, crudo y encantador, pero jamás indiferente. La frialdad es fruto de esta brutal sinceridad en el trato, al fin y al cabo no somos tan diferentes, ni tampoco tan especiales, somos un subproducto más de esta sociedad carente de valores morales y saturada de valores materiales a los que gustosamente nos encadenamos.
Con la resaca llegó nuevamente la decepción y me di cuenta que tu imagen estaba repetida en el albúm de la historia de mi vida, tú podías haber sido la sombra de aquellos negativos abandonados a la intemperie, no se buscan ni se rescatan porque no se quiere y aún queriendo, sería imposible porque ya no están en donde debieran estar.
Es posible que nos alejáramos definitivamente pero ambos sabemos que siempre nos quedará un trozo de cable de fibra óptica como el último y más amargo de los recursos para añorar todo lo que podría haber sido y no fué.

jueves, junio 18, 2009

UN NAUFRAGIO DE RECUERDOS




UN NAUFRAGIO DE RECUERDOS.


El paseo del lago quedara desierto. En el horizonte se vislumbraba el crepúsculo adormecido entre los primeros zarpazos gélidos de la noche.
Toda la quietud se volvió sórdida, por el campo correteaban las alimañas y los diminutos roedores. Todo semejaba haberse quedado anclado en el tiempo, mientras a lo lejos sonaba una suave melodía de grillos que me hizo revivir los recuerdos de las tardes de verano cuando se me paraba el reloj contemplando como el campo se recogía al anochecer envuelto en su manto de frescor.
Las luces semejan querer delatarlo todo, pero un cielo inmenso, se desliza de su alcance. A lo lejos habían decidido ahogar una bombilla en cualquier rincón de la casa. La noche se desploma irremisiblemente, en tanto la vida se duerme y esfuma lentamente sin apenas darnos cuenta.
La brisa lo envuelve todo con su agonizante gemido, los árboles se mecen en el aire y oxigenan el espacio circundante.
Un perro aúlla mientras todo parece sucumbir lentamente, en algún lugar alguién sintiendose el dueño del todo y de la nada, intentó huir.
El cielo trepó ante mis ojos, el sol comienzó a despuntar timidamente en el horizonte. El río continúó con su intempestivo transcurrir, se aleja una y otra vez de mí vista, mientras el manantial fluye incansablemente. Entonces por el tacto de mis manos en las hojas, pude darme cuenta que estaba al acecho el otoño, la brisa las transportaba de un lado a otro sin rumbo ni dirección fija; los árboles se habían quedado eternamente desnudos y desvalidos.
Luego me dí cuenta que volverían a repetirse paulatinamente las mismas secuencias ante mis ojos, cada vez más he ido de la mano del destino al encuentro de la noche. Me fascinaba, era tan bella.....
Con el tiempo perdí mi inocencia pero todo acabó siendo decididamente más bello, uno aprende tan de prisa como se lo propone.
A mis espaldas, una voz sibilina me interrogó, no contesté, cuando me volví ya no había nadie. Como tantas otras veces me había despertado bien entrada la mañana, el sol no brillaba en la ventana, el día había despuntado gris, desde entonces nadie ha vuelto a preguntarme nada. Todavía estoy sumido en la duda de lo que habría contestado, la respuesta que daría hoy, no tendría valor alguno. Entonces podría habérmelo pensado, luego el tiempo se fúe encargando de hacerme ver que poeticamente mi vida había sido válida aúnque existencialmente inútil. En lo sucesivo, la rutina lo fué desencadenando todo.
Cuando te das cuenta y vuelves la mirada atrás, uno ya no tiene elección.

José M. Bouzas Blanco.

miércoles, enero 31, 2007

A VIDA: UNHA FANTASÍA QUE ATORMENTA


A chalana bregaba paseniño mar adentro, na percura dos raios espidos do sol que lucían refulxentes no horizonte. Canto máis remaba, semellaba estar máis afastado, o infinito desplegábase ante min, deslumbrante, irremisiblemente engaiolante e fermoso.
Entón puidome o cansancio e detívenme, crucei os remos e limpei as máns, camuflándoas no peto.
A mar en calma golpeaba rítmica e garimosamente, aloumiñando o esquelete da chalana. Ésta escomenzou a xirar sobor do seu propio eixe. De súpeto, sentinme alterado, tremaba e perdín a consciencia, retendo tan só o agudo trino duns xílgaros que me facían compaña, aferrados á proa. Fixei a vista na dos paxariños e votei unha ollada interior da que quedei prendado.
Cando me decatei, estaba máis afastado da ourela pero igualmente afastado dese punto radiante no horizonte. Ao redor, todo estaba sumido nunha eterna e teimosa escuridade.
Dende entón, o meu sentido xira vertixinosamente, sen permitirme avanzar nin por elo retroceder.
¿Ónde estás, meu amor?, bruei desesperadamente, en tanto un extraño arrecendor me envolveu, era un arrecendor alléo pero nin moito menos descoñecido.
Decateime que ao meu carón tiña a túa chambra de lá, con ela enxuguei as miñas bágoas e lembrei desesperadamente que no fondo do mar xacía un corpo cómplice e na superficie, un remorso de culpabilidade que me illa e a miúdo me atormenta.
Un pesadelo máis fixado na miña existencia, un de tantos, tan diferente e mesmamente semellante a tódolos demáis que me fan sentir culpable alí onde me atopo.

Naquel intre, sonou o despertador, estaba en terra firme e ben plantado, acerqueime a fiestra, escorrín as cortinas e vin abraiado nublarse o firmamento, caer o sol e morrer a tarde.



martes, diciembre 19, 2006

EL OTOÑO DEL ARPISTA SOLITARIO

Cada nuevo día, la juventud se mostraba más esquiva y menos condescendiente, tanto conmigo mismo como con los demás. Sus atisbos se esfumaban a pasos ajigantados, instalándose en otros nuevos rostros.
Aprendí a llevar con dignidad los surcos que afloraban sobre la frente y tambien, con no menos resignación, no por lo mucho que dejaba atrás si no por lo poco que vislumbraba por delante. El pasado es el olvido, el presente es lo que ves y el futuro semeja estar amputado e incompleto.
Siempre tuve una impresión de una ingente fugacidad planeando sobre mi vida y a pesar de ello sigo manteniendo la calma y disfrutando de ésta con lentitud y aplomo, pero tal vez más de prisa de lo que los demás se imaginan. Cierto es que a veces viví los furtivos encuentros como si presintiera que nunca jamás volvería a repetirlos.
A menudo, una vida en soledad compartida con alguna que otra alma gemela, porque en mi camino somos muchos los que nos cruzamos, pero todos compartimos la misma soledad, tanto con uno mismo como con los demás. Incluso rodeados y en plena efervescencia, seguimos estando igualmente solos, a veces incluso más, pero en esos momentos de distendida evasión, ¿quién piensa, ¡amigo mío!, en soledad?.
A lo largo del camino, conocí demasiadas fisonomías pero tal vez muy pocos caracteres, no profundicé prácticamente con nadie porque admití hace tiempo que la soledad es menos complicada de lo que a primera vista semeja, sinónimo de complicidad con uno mismo. Ésta hiere tan solo si te embarga la cobardía y te vence el valor.
Al atardecer estaba siempre donde estaban, fui muy conocido y tal vez muy poco apreciado porque no disponía de tiempo que perder, quería rentabilizar lo más pronto posible los momentos que me ofrecía el entorno. La elección, tal vez en la mayor parte de los casos no fuera la más acertada y todo debido a la premura que imprimía a mis actos para evitar caer en la desidia y el aburrimiento que me sobrevenían.
Cambiaba con frecuencia de lugar, como quien pasa las hojas vencidas de un calendario pero en todos ellos, fui notando la indiferencia a que nos somete el irremisible paso del tiempo y los surcos más o menos profundos que pueblan nuestra piel, haciéndola que se torne más pálida y ajada pero a la postre mucho más experimentada. Pero yo buscaba otro mundo, en el cual mis semejantes pudieran ver más allá de una simple presencia, pero en esta búsqueda no hayé quien pudiera poner cerco interno a mi liviana existencia.
Así es que, de vagar y errar, tengo el cuerpo curtido y el alma acartonada y cada vez me voy queriendo más a mi mismo y un poco menos a los demás, a los que respeto y a alguno que otro, admiro por su corage y valentía, espejos en los que intento reflejarme para no sucumbir en este sucio Edén en el cual, somos capaces de arrancar las alas a las inofesinvas mariposas, para volar de prestado unos fugaces instantes.
La perspectiva de mi existencia, me permite vislumbrar en el horizonte la urgencia y la premura de un paraíso de lascivia y promiscuidad solo apto para adultos en el que trataré de sobrevir como lo vengo haciendo hasta la fecha. A estas alturas de mi vida, igual que ayer, me siguen atrayendo los cuerpos pero cada vez más, lo que logran seducirme son las mentes, por tanto cambio con frecuencia la rotundidad manifiesta por la contundencia tácita.
La complicidad de la oscuridad lo envuelve y agita todo y cuando traspasamos su umbral, a menudo la sangre reseca no se despega de las manos y su sabor pastoso aún anida caliente en la comisura de nuestros labios, en tanto, el arpista hace sonar desacompasado el instrumento con parte de sus cuerdas maltrechas y vencidas.
El concierto de los días se sucede, mientras que la materia es lo que persiste y domina nuestra existencia.

viernes, noviembre 10, 2006

LA HUELLA DEL TERCERO SOLEDAD

Le busqué denodadamente y con pasión en la soledad lúgubre de la noche, mientras las hojas marchitas se desplomaban a mi paso, acariciando la piel herida de mis zapatos. La brisa me rozaba por instantes y con ella el frío se instaló en mi interior, haciéndome tiritar, nunca sabré si debido al evidente choque térmico o a la frustrante sensación de inseguridad que acompañaba mis pasos.
Me adentré en la complicidad mortecina de la opaca oscuridad, mi eterna y anhelada compañía, buscando en la proximidad más apremiante el brillo húmedo de tus ojos empañados por el deseo pero una vez más no te hallé, ¡no estabas en mi mundo!, ¡no estabas para mí!.
Deambulé sin rumbo por el entorno, con el cuerpo calado y empapado, mientras un cigarrillo se consumía lentamente en la comisura de los labios, otorgándome un aire bucólico y fatal que al fin logró atraer la atención de alguien que apuraba las últimas horas de aquel fin de semana, unas horas especialmente diseñadas para el desenfreno y la lojuria que hasta entonces me habían mantenido al margen.
Le miré, puedo jurar que más unas partes que otras y me prometí a mi mismo que sería capáz de sonrreir, camuflando mi cara de tedio y repugnancia. Lo conseguí en primera instancia pero la decepción se instaló nada más darme de cuenta que no fui quien de retener más que el perfume que acariciaba su piel y con su apurado paso se evaporaba en el aire.
Desapareció de mi vista no así de mi olfato, dejándome contrariado y maltrecho, con el orgullo por los suelos y un sabor amargo que me produjo una serie intermitente de arcadas que ascendían del estómago precipitándose a la garganta.
Como casi siempre, la noche nos ofrece una alternativa para calmar y colmar nuestros deseos y esta vez no iba a ser menos. Nos utilizamos mutuamente y la urgencia consiguió que nos trampeáramos a nosotros mismos y a nuestros propios sentimientos. Cuando nos despedimos, me susurró al oido algo manido y bello, pero inútil, que no me pude creer y en tanto se alejaba de mi vista, no pude por menos de pensar, ¡que mierda de experiencia!, ¡que bella pero que falsa!.
La luna llena desveló mi letargo, en tanto se ocultaba sigilosa tras la vegetación otoñal, mientras en el horizonte, despuntaba muy tímidamente el sol que anunciaba el comienzo de una nueva semana con su nuevo día, ¿tal vez, un nuevo día más de mierda?.
Cuando llegué a casa, la puerta estaba entreabierta y en la habitación se había instalado definitivamente el olor que me asaltara hacía tan solo unas horas. Me esperaba en en el borde de la cama y mientras me acercaba, ya se había dispuesto a servirme un café, comprendí una vez más que le había sido infiel por no interpretar a tiempo la dirección marcada de sus pasos. Para no provocar una humillación más, me di la vuelta sin mediar palabra y me fui en compañía de mi orgullo, escuchando el repentino rodar de la taza en el suelo y el aullido de la perra quemada. Cuando regresé, bien entrada la mañana, la puerta estaba cerrada y las copias de las llaves camufladas bajo el felpudo, me armé de valor y me dirigí a la cama, a los pies de ésta, los ojos inquisitoriales del animal me miraron de soslayo. No soporté el desplante y hice con ella lo que alguna vez habían hecho conmigo, un certero puntapié y muy buenos días. Desde entonces ya no se detiene cada noche el ascensor en este tercero soledad, ni tan siquiera en los sueños de esas efímeras horas en las que la embriaguéz psíquica se apodera de la realidad metódica.

jueves, octubre 05, 2006

EL CAOS DE MI UNIVERSO

El sórdido invierno, cedió paso a la primavera y ésta afablemente se fué instalando en el entorno, dejando tras de sí meses de letargo, frialdad y cansina quietud.
Una explosión de verde intenso y vida, inunda el valle, desde las laderas hasta las cumbres, y todo el demás espacio circundante que logro divisar con mi mirada, acaricia el resto de mis sentidos.
Las florecillas silvestres despuntan por en medio de tiernos brotes y hierbajos que crecen ante la atenta presencia del ser humano que es capáz de reparar en semejante minucia.
A unos metros, diviso el tímido inicio de un sendero que serpentea la fertíl ladera del agreste y rudo paisaje, jugando a encontrarse y perderse con un murmullo que fluye con desparpajo por en medio de las hojas secas que se van acumulando en las márgenes.
La suave brisa me acaricia el alma y ensancha mis pulmones en tanto mece mis escasos cabellos, logrando hacerme partícipe del canto de la vida y del trino de los jilgueros que se columpian en las ramas rebosantes de sabia y explendor.
Como tantas otras veces, sigo los senderos que el destino cruza en mi camino y me adentro en un torbellino multicolor que me hace meditar cuan bella es la vida y que noble es el reiterado intento de disfrutarla.
Cada vez más el sendero me aproxima aquella mansión olvidada por los sentimientos y la mano del ser humano. Llego al fin al punto de partida, empujo la puerta entreabierta y derruída en tanto franqueo el musgoso umbral. Las cortinas se mecen armónicamente, acunadas por la brisa que se cuela por el hueco de unos cristales rotos. Al rededor, todo el entorno se torna a primera vista, hostíl, gélido y húmedo. Decido abrir las ventanas para arrojar al exterior los restos del invierno y con éstos, por que no, las inmundicias y miserias que pueblan el caos de mi universo.
A lo lejos suena una melodía que lo invade todo y que consigue nuevamente iluminar mi rostro y llenarme de fuerza. Es una vez más la renovada melodía de la vida que nos invita a aventurarnos de su mano y saltar sin red al vacío, obviando los prejuicios que pudiéramos haber acumulado en el pasado.

jueves, septiembre 21, 2006

DIAS DE VINO Y HIEL



En el carcomido marco de la ventana, se recorta el perfíl de mi figura, como la parte más importante de un gran proyecto. Igualmente se despliega una bucólica vista del jardín que oxigena a diario nuestra rutinaria existencia. Por supuesto la mía y la de quien conmigo va.
Era uno de esos tantos días en que mis manos ocultaban atenazantes el rostro, cuando a penas se daban cuenta de que mi inocencia se había desplomado irremisiblemente.
Desde entonces la compañía de los espejos se multiplicó por doquier, todo el caserón era un puro reflejo, las imágenes que me devolvían me hacían sentir diferente, me fascinaban y provocaban en mi subconsciente sensaciones indescriptibles y momentos inenarrables.
A lo lejos, se divisan las lomas y el emparrado, lugares a los que con frecuencia antaño recurría para compartir las desventuras que agonizaban con el tierno canto de los pájaros y las caricias de la frondosa vegetación.
Con el paso del tiempo, me sentí admirado y espiado en soledad lo que, me llevó a interpretar un papel muy poco acorde con mi vida y muy proclive a la ojeada indiscreta de mis espectadores. Mis encantos personales sucumbieron para dar paso y rienda suelta a la ficción que se apoyaba en mis innegables posibilidades interpretativas. Con tesón y denodado empeño, a menudo logré satisfacer a todos a costa de odiarme y reprocharme cada día un poco más.
En pleno verano sentí como con frecuencia se me helaba la conciencia, en tanto mi cuerpo tiritaba de la impotencia de no poder expandir las alas y volar para recuperar lo que fuí y ya jamás volveré a ser.
Ante mis ojos, se deslizaba el atardecer en calma y sobre una paz y sosiego inusitadas, sentí desde la espalda como alguien me abrazaba y entonces sonrreí, con el brillo de la mirada empañado por la lascivia. Al instante me di cuenta que los brazos rozaban mi piel tan solo para dirigirse al pomo de la ventana. En calma, entorné los ojos y disfracé con una decepción la sonrrisa, pudiendo ver como los redodendros estaban cuajados y en flor, todos vestidos de rojo y aderezados de un verde esperanza insultante. Al rato me di la vuelta y la alcoba seguía tan desnuda como mi alma, entonces la amargura me empujó hacia el viejo gramófono, desplegué la manilla y suavemente dejé caer la aguja sobre el lustrado vinilo. El corazón de Amalia me advirtió una vez más que, los que vivimos cobijados por un techo de vidrio, debemos olvidarnos de andar a pedradas.
Cerré primeramente la ventana, después la contraventana y luego descorrí las cortinas, me tumbé a su lado sobre la cama y alcé un brazo extendiendo la mano para intentar coger algo que huía. Entre ambos emprendimos el viaje al país de nunca jamás, hasta que el despertador interrumpió el dulce sueño y me advirtió que era hora de enfundar la máscara para enfrentarme al hostíl mundo que me espera, nadamás poner los pies fuera de mis dominios.

sábado, septiembre 16, 2006

ESA AUSENCIA QUE AUN PALPITA

ESA AUSENCIA QUE AÚN PALPITA


Llegué al lugar de referencia con el anochecer de aquel día de verano. Todo parecía mecerse en la quietud y el silencio, no pudiendo divisar rastro alguno de vida humana o animal.
Me tendí en el suelo y acaricié con el dorso de mis manos la hierba fresca, cubierta con un manto ténue de millones de pequeñas partículas de agua. Gotas cristalinas que en la oscuridad de la noche me devolvían el reflejo de las estrellas que en lo alto cuajaban el firmamento, anunciando el final del verano y el acecho del otoño.
En frente se alzaba aquella pequeña hermita, anclada en el centro del campo santo y de la cual se desplomaban unos rayos de luz que provenían de lo alto de su torre. Ésta me hería el rostro y reavivaba los recuerdos que anidaban en mi interior a la vez que me devolvía la belleza pétrea de aquella obra de arte.
Estos pequeños rayos, me permitieron sacar el cuaderno en el que siempre anotaba esas pequeñas histórias que hacen de la vida y de las personas lo que realmente somos. Repasé una por una, todas y me di cuenta que todas no eran más que el relato de una gran ausencia con la que huyera una parte importante de mi existencia.
La noche me sorprendió esta vez más solo si cabe, ajeno a todo lo que hace tiempo me venía rondando. Al instante sentí unos escalofríos, a pesar de ser verano, las noches ya eran más frescas y el rocío invadía cada rincón de mi cuerpo. Entonces intenté con lo puesto, abrigarme un poco más para evadir las pequeñas inclemencias pero desistí en abandonar aquel lugar porque en él había algo que me fascinaba y aferraba el compendio de mis sentidos.
Me di cuenta que sin la menor intención por mi parte, de mi garganta estaban brotando unas palabras cariñosos que se diluían en el espacio, perdiéndose en medio de aquel eterno silencio. Igualmente sin pretenderlo, me puse en pié y vagué sin rumbo hasta detenerme en la primera de aquellas tumbas. Con la yema de mis dedos, todavía húmeda, acaricé el perfíl de aquel epitafio y se me hizo un tanto familiar, recordé la fecha, la edad, en fin, pequeños detalles que encierran la historia y los sueños de toda una vida.
Por último, con el alba, divisé su nombre y me di la vuelta, el camino a casa esta vez como otras tantas era muy corto.
Atrás había dejado el lugar y el silencio del entorno para no entorpecer el sueño en el que estaba mecido aquel hombre, aquel ser sencillo, fuerte, rudo y curtido que fué y seguirá siendo por siempre MI PADRE.

viernes, septiembre 15, 2006

MATICES DE NEÓN

La tarde se desvanecía lentamente sobre el horizonte, en tanto la noche se aventuraba y cernía sobre la ciudad y sus habitantes. Por la calle, la gente apuraba el paso y las compras dejadas para el último momento. A medida que oscurecía, una claridad artificial lo iluminaba todo de colores atractivos a la vista de los viandantes.A lo lejos te divisé agazapada bajo aquel paraguas de color indefinido y neutro, quizás acorde con tu vida o quizás no. Te vi acercar con pasos indecisos y me hice a la idea que nuestro encuentro se iba a producir a pesar de que el destino lo quisiera o no. Me imaginé que me habías visto, esquivando los charcos, a rostro descubierto y con los cabellos empapados.Te acercaste más y más y cuando estuviste a mi altura, me reconociste, ni siquiera te detuviste, seguiste tu camino marcado y yo tambien seguí el mío.El aire de la muchedumbre me golpeaba en el rostro, sus olores diferentes se impregnaron en mi ropa y yo seguí ausente caminando hacia no se sabe donde, ni en busca de se sabe qué.Cuando me giré, chocó mi mirada con la tuya, ambos estábamos detenidos y ausentes sin saber el porqué. Emprendimos el acelerado viaje hacia el país de nunca jamás, sin saber lo que el uno había pensado del otro. Tal vez hubiera reparado pero no tuviera ni un pensamiento para mi.El autobús se detuvo en la parada y la abalancha de gente pasó al interior, me decidí y entré tambien, estaba calado hasta los huesos y tenía helado el corazón.Me bajé cuando se detuvo y enfrente divisé la colina que me daba la bienvenida, el aire puro de los árboles inundó la cavidad de mis pulmones. Me adentré en el parque y a escasos metros, estabas tú, sentada en aquel familiar y pétreo banco, igual de mojada como lo estaba yo y tan ausente como te había visto unas horas antes.Pasé a tu lado y la indiferencia de nuevo quiso poner distancia entre ambos.La casualidad, el azar, la providencia, me hicieron ver que el invierno se había instalado en más corazones. No era tan distinto a los demás, tal vez los demás fueran distintos a nosotros y sabían disimular mejor el abatar de las estaciones que anidan en nuestro interior.Me alejé de tí tanto como de mi mismo, porque alguien me había dicho que cada uno libra su propia batalla sin pretender abordar la de los demás.El amanecer me sorprendió con resaca y estornudos, pero sin nadie que gentilmente me ofreciera un café caliente, entonces pensé: ¿ y a tí, cómo suelen sorprenderte los amaneceres?. ¿Tal vez con una caricia al alma?, ¿un te quiero falseado? ¿o la eterna promesa incumplida de volver a verte?.

jueves, septiembre 14, 2006

AQUELLOS MALTRECHOS OJOS VERDES

Recuerdo que me pediste, a menudo con insistencia, que cuando el tiempo me lo permitiera que intentara con la perspectiva que da la lejanía, acercarme cauteloso al brillo de tus ojos tristes. Que narrara la historia en la que un día, ambos vivimos atrapados y que en el presente, no es más que un amargo punto de referencia de esa lejanía un tanto próxima.
Llegaste a mi vida sin yo pretenderlo, al menos explícitamente, como quien dice al acecho, agazapados en aquel sórdido lugar, intentando que nuestros cuerpos se repusieran de la resaca de 43 y al tiempo, capeando las inclemencias del otoño que pugnaban por calar nuestros cuerpos.
De camino, con todo dicho, te invité a que subieras y te quedaras y me extrañó sobremanera que abandonaras la maleta, al preguntarte, contestaste que no valía la pena ocupar mi reducido espacio con un enser tan voluminoso y con tan poco contenido.
Te acomodaste en mi casa, en tanto yo fui a buscarte el paquete de Ducados, por lo menos, esa era la escusa que puse y sin que lo supieras, fui a rescatar la maleta y la camuflé en un rincón del altillo.
Asalté tu entorno, quizás demasiado rápido, tú boca decía a todo sí pero tus ojos la contradecían, en tanto tu cuerpo rechazaba el impetuoso acoso del mío.
Entonces vivimos la novedad y más tarde, nos instalamos en la rutinaria monotonía que hacía que todos los días fueran monocromos bajo el techo de aquel espacio diminuto y abuhardillado.
Hice las cosas con esmero y de la mejor manera, poniendo todo el empeño y las ganas pero parecía no ser suficiente para devolverle el brillo y la calidez a tú extraviada mirada.
Nuestras ilusiones naufragaron, eso creí yo al principio, luego dudé y tal vez las que se hundieran fueran tan solo las mías, porque tú, jamás pusiste el mínimo ápice de ilusión.
El hastío nos convirtió en seres insoportables para con nosotros mismos y cada cual por su lado, trató de sobrevivir al naufragio y parece que lo hemos conseguido.
De esta historia, en el recuerdo, tú conservas unas alas en mis brazos y yo un balcón ciego en tú mirada y aquella maleta olvidada en el altillo.
Delante de una fotografía, manida y decolorada, el gramófono me hace caer en la cuenta de lo traidores que pueden resultar un par de descarriados ojos verdes.
En tanto suena el vinilo, me dispongo a rescatar la vieja maleta de cuadros escoceses. Forzando la oxidada cerradura, logro abrirla y observo que estaba sospechosamente vacía pero solo allá muy en el fondo pude intuir en el reflejo de unos ojos, la amargura de un fracaso y la huída forzada de una decepción.